Ciudades del futuro invierten en la revitalización de espacios públicos

El retorno a cuestiones fundamentales de urbanización, como la recuperación de espacios públicos, es una tendencia en diversos municipios y capitales del mundo. Uno de los ejes de la Nueva Agenda Urbana se centra en la planificación y diseño de las ciudades, dando voz a sus ciudadanos y defendiendo un enfoque holístico que promueva la diversidad y cohesión social.

Los centros de turismo mundial volvieron a reinventarse en 2016. En París, la alcaldía tomó la osada decisión de prohibir la circulación de coches en varias calles a lo largo del río Sena para dedicarlas exclusivamente a los peatones. En Barcelona, nacieron las “Supermanzanas”, un núcleo urbanístico con restricciones de tráfico en nueve bloques para privilegiar la convivencia social y el rescate de espacios públicos.

Objeto de polémica, la medida no busca restringir los derechos de los ciudadanos. Al contrario, esencialmente pretende devolverles ambientes más saludables, seguros, culturalmente diversos y socialmente democráticos.

Esos ejemplos ilustran principios fundamentales defendidos por la Nueva Agenda Urbana, recientemente adoptada por líderes mundiales como piedra angular para alcanzar ciudades más compactas, integradas y socialmente inclusivas. Intercambiar ideas, transferir conocimiento y propagar buenas prácticas urbanas son fórmulas para inspirar gestores y ciudadanos a que conozcan experiencias positivas que disminuyen impactos ambientales, generan conectividad y traen beneficios para la salud, economía y cohesión social. Sólo en Barcelona, 3.500 personas al año mueren por enfermedades derivadas de la contaminación, según el Ayuntamiento. Una cifra que el proyecto de las supermanzanas aspira a reducir.

En este sentido, el Programa de la ONU para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) lanzó en diciembre una Convocatoria Pública para identificar prácticas inspiradoras en América Latina y el Caribe. Por medio de un cuestionario, organizaciones, municipios y ciudadanos pueden destacar intervenciones urbanas que han seguido los principios de la Nueva Agenda Urbana y dado, como fruto, resultados positivos para sus ciudades.

Un ComitéTécnico analizará las respuestas del cuestionario on-line para verificar la integración e interdependencia de los tres pilares de la nueva agenda – planificación y diseño urbano; legislación urbana y financiamiento urbano – bien como la inclusión de cuestiones más transversales como la adaptación a los cambios climáticos, derechos humanos, promoción de igualdad de género e integración de los jóvenes. Cuatro proyectos serán seleccionados y, posteriormente, sistematizados en forma de estudio de casos para servir como referencia para la región. La convocatoria estará disponible on-line (https://practicasinspiradoras.typeform.com/to/djr8pE) hasta el 16 de diciembre.

Relaciones simbióticas para ciudades sostenibles

El Programa de la ONU para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) considera que una ciudad bien planificada debe contar con 50% de áreas construidas y 50% de espacios públicos y áreas verdes. El director ejecutivo de la agencia, entretanto, resalta que el valor de esta ecuación muchas veces es ignorado.

“Existe una serie de razones para eso, como la falta de recursos, de comprensión o de capacidad de usar las posibilidades de espacio público como un sistema urbano completo y multifuncional”, describe Joan Clos en el preámbulo de la publicación “Kit de Herramientas del Espacio Público: Dos Principios Locales a las Políticas Locales y Prácticas”.

Él argumenta que una ciudad sostenible debe encontrar una relación simbiótica entre los espacios privados y públicos. Este equilibrio permite la desobstrucción de los centros urbanos, que conlleva a mejoras en todos los sectores – desde la movilidad hasta los estímulos a nuevas financiaciones.

En la región de América Latina, Quito representa hoy un ejemplo de este equilibrio, y su revitalización se ha transformado en referencia de buena práctica urbana para el mundo. Patrimonio de la Humanidad desde 1979, el centro histórico de la capital ecuatoriana recuperó su valor tras una intensa intervención. Asentamientos precarios y abandonados dieron lugar a viviendas sociales y servicios básicos trajeron mejoras en salud y seguridad. En la esfera económica, esta operación posibilitó la formalización del empleo local, la regularización del tráfico y la conversión de la zona en atracción turística.

No fue por casualidad que Quito se convirtió en la sede de la Conferencia sobre Vivienda y Desarrollo Sostenible – Habitat III – donde la Nueva Agenda Urbana fue aprobada. En resumen, el documento propone volver a lo más básico, con un abordaje simple e integrado que promueve tres ejes correlacionados: la creación y el respecto de una legislación urbana, la concepción cuidadosa de la planificación y diseño de las ciudades y la elaboración de un plan de financiamiento que asegure los recursos necesarios para promover dicha modernización. “No hay urbanización adecuada si no seguimos estos tres enfoques”, enfatiza el director ejecutivo de ONU-Habitat.

El documento también está intrínsecamente relacionado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sirve como una ampliación del objetivo número 11, que busca tornar las ciudades y asentamientos humanos más inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Sus principios también están vinculados al Acuerdo de París, proponiendo transformar los centros urbanos en ejemplos en la reducción de gases contaminadores y soluciones de mitigación de los cambios climáticos.

Prevista para que tenga lugar cada 20 años, esta Conferencia marca un punto decisivo en la evolución de las ciudades. En tres décadas, cerca del 70% de la población mundial vivirá en las ciudades. “Nuestra lucha por la sustentabilidad global será vencida o perdida en las ciudades”, afirmó el secretario-general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

Por suerte, buenas prácticas también resuenan por los centros urbanos de países de América Latina. Buenos Aires es hoy una de las mejores ciudades del mundo para moverse en bicicleta. En poco más de tres años, la capital argentina incorporó 140 kilómetros de ciclovías, mostrando que “con la buena voluntad política e inversiones correctas una gran ciudad puede transformarse para el nuevo milenio”, describió la Copenhagenize Index 2015, organización responsable de esta selección.

Impulsada por los Juegos Olímpicos, Río de Janeiro también renació tras años de obras y mostró al mundo un lavado de imagen revitalizada.  Modernización de áreas del puerto, creación de parques, ampliación de carriles-bici e incorporación de nuevas modalidades de transporte integran todavía más la ciudad, promoviendo áreas de ocio, cultura, cohesión social y proporcionando economía de tiempo y dinero para millares de cariocas.

Motor de crecimiento urbano

Clos, anteriormente alcalde de Barcelona, defiende la teoría de que la urbanización es un motor de crecimiento económico. El desarrollo espontáneo que tuvo lugar en las últimas décadas, especialmente en países emergentes, dio como resultado ciudades congestionadas, contaminantes y poco agradables, donde la deficiencia de elementos de la buena urbanización no permite que los ciudadanos realmente desfruten de donde viven, afirmó el representante.

“Es especialmente importante poner atención al diseño desde el principio, caso contrario, es muy difícil aplicarlo cuando la ciudad ya esté establecida. Cuestiones sociales y políticas emergen, lo cual se transforma en un proceso complejo y caro”, destacó Clos en “Construyendo Ciudades Mejores”.

Por otro lado, inversiones en ciudades bien planificadas traen retornos financieros en forma de tributos, generación de empleos y revalorización de áreas urbanas. Para él, la matemática es simple: una buena urbanización para su propio coste al generar un círculo virtuoso de mejoras y nuevas inversiones. Una fórmula básica para equilibrar el rumbo de las ciudades hacia un futuro más prospero y sostenible.